¿Por qué soy traductora?

Hay cosas que uno no decide, que las decide el instinto, y por eso mismo resulta difícil reflexionar racionalmente sobre ellas. Más aún explicarlas a otros.

 Ser traductora es, para mí, un modo de relacionarme con la lengua –es decir, con la vida– que implica varias trayectorias entrecruzadas entre sí. Varios placeres. Varias exigencias también.

 Adentrarme en un texto siempre es para mí un gran viaje interior. A veces ese viaje recorre selvas frondosas llenas de plantas desconocidas, de animales exóticos, de luces filtradas por doseles de follajes suntuosos. Otras veces la travesía me lleva por desiertos interminables, por pedregales hostiles que me arrancan jadeos y gemidos de dolor. O por cursos de agua que me arrastran, como una astilla, en el discurrir majestuoso de una corriente imparable.

 Comprender esto en un texto escrito en otro idioma es siempre, para mí, una sorpresa y un privilegio inmerecido. Transitar esos paisajes cambiantes, recorrer esas selvas, esos canchales, esas aguas compactas y casi sólidas me abre a una consciencia de mí misma que me enseña más que otras, porque no se fragua directamente en mi propia percepción subjetiva, siempre sujeta a las trampas y las lisonjas del autoengaño, sino en la imagen de mí misma que me devuelve la autoridad indiscutible, implacable también, del espejo.

 Traduciendo aprendo a conocerme en el espejo de lo que no soy, de lo que no expresa espontáneamente mi instinto lingüístico. Y ese reflejo me ayuda a ver mejor, a conocerme mejor, y también a comprender con una sonrisa, durante la travesía de las grandes aguas, que lo que soy es apenas una parcela ínfima de lo que existe, pero que, paradójicamente, mi pequeñez puede servir a esa inmensidad y prestarse para que ella se logre en otros y viva en ellos. No por mérito mío, sino, simplemente, viajando hasta ellos a través de mí.

 Situarme en el centro de esta consciencia implica pasar al otro lado del espejo, como Alicia, y buscar el modo de traer del otro lado esas frutas sabrosas y esos paisajes impensados, para ofrecérselos a aquellos que no pueden cruzar la lámina de azogue. Contar la riqueza de esos viajes que nos han asomado a la maravilla de los mundos ajenos.

 Y contarla en palabras. En lo más humano que tengo, que tenemos, junto con la capacidad de sentir, quizá lo mismo.

 Traducir es un trabajo paradójico, aparentemente solitario, inmóvil y pasivo en horas y horas de confrontación con las cincuenta o sesenta teclas que permiten a mis dedos contar el viaje y sus muchos azares, pero lleno del dinamismo interior del diálogo, de la compañía de todos los ecos humanos encarnados en el verbo, de la riqueza consoladora de todos los mundos, dibujados en los arabescos variopintos de la grafía.

 Traducir es también un acto de amor en la comprensión y la entrega.

 Por eso, y sobre todo, para mí lo más grandioso de traducir es que me permite entrar en comunidad con lo humano a través de la palabra. Recoger la palabra en otras latitudes, cosecharla, madurarla, trasladarla, darla a entender para que otros se reconozcan en ella. Situarme en el centro de lo humano y compartirlo, verter mundos en mundos para despertar afanes, delirios, amores, pasiones, ecos, resonancias palpitantes de pecho a pecho.

 Valgan estas pocas palabras, torpes en su afán inútil de abarcar lo inabarcable, pero llenas de verdad incluso en su impotencia. Valgan como respuesta al honor que me supone el haber sido requerida para abrir este foro.

 Queda abierta la puerta, pues. Ya no queda, lector, sino tenderte la mano e invitarte a entrar.

 Invitarte también, si así lo deseas, a contar y compartir igualmente tu viaje, a describir tu experiencia de esos mundos, tu vivencia de este oficio extraño.

 Yo ya he dicho lo que acierto a entender de todo esto.

 Y tú, ¿por qué traduces?

Susana Cantero

Traductora

8 thoughts on “¿Por qué soy traductora?

  1. ¡Hola!
    Lo primero, muchas felicidades por éste proyecto y muchos ánimos.
    En mi caso, la decisión de dedicarme al mundo de la traducción vino un poco dada por dejarme llevar por lo que me gusta y seguir siempre mis ideales.
    Ya de pequeña tenía facilidad por la vertiente de las letras, aprender cosas nuevas y pasión por la lectura y así, pudiendo combinar todo lo que me gusta en una sóla profesión ¿por qué no dedicarme a ello?

  2. ¡Me encanto tu entrada! Es perfecta para leer en aquellos días en los cuales nos toca un texto difícil y nos sentimos agobiados al sentir que no contamos con las herramientas para explorarlo debidamente.
    De niña amaba mis clases de inglés y, de adolescente, las de francés, italiano y literatura. Creo que, al tomar la decisión de estudiar traducción, pensé que dedicarme a las letras y a algún trabajo que involucrase lenguas extranjeras era la mejor opción. Y, a pesar de las dificultades que encontré y que sé que seguiré encontrado, no me arrepiento.
    Es realmente motivador encontrar entradas como la que acabas de publicar. Te quería pedir, si no te molesta, si puedo publicarla en mi blog con tu nombre y la dirección de tu blog, por supuesto.
    Gracias por compartir una entrada tan bella. Es ideal para comenzar el día 🙂

  3. Porque soy lingüista y la traducción es la excusa (poética) perfecta para entrar y quedarse en la entraña de las lenguas.
    Porque hay un problema enorme en el uso del español, además.
    Porque aunque abunden los traductores, son muy pocos los buenos traductores, los traductores de verdad.

  4. ¡Hola a todos! A mí también me parece preciosa la entrada de bienvenida. Yo no soy traductora, soy filóloga, pero he hecho recientemente un curso de traducción que me ha hecho cambiar radicalmente la forma de aproximarme a los textos. Aunque muchas veces nos topemos con retos en apariencia irresolubles, yo soy de las que no cree en lo “inefable” y me parece fascinante este proceso de cambiar las ideas de una lengua a otra. A los que os vayáis a dedicar a esto profesionalmente, sólo tengo que deciros una cosa: todos los grandes problemas tienen siempre soluciones grandiosas. Y la razón es muy sencilla: aunque haya muchas lenguas en el mundo, y muchas formas de expresar las ideas, sólo hay una raza humana, con su consiguiente forma de pensar y de sentir. ¡Mucha suerte!

  5. Pingback: El (proyecto de) traductor en verano | Interferencias

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