¿Que por qué traduzco? ¿Está de broma?

La semana pasada, con motivo de la inauguración del blog, Susana Cantero nos explicaba por qué es traductora y terminaba planteándonos una pregunta: «Y tú, ¿por qué traduces?». Hoy, Carlos Fortea nos trae su respuesta.

Carlos Fortea es profesor de traducción en la Universidad de Salamanca, traductor literario de alemán a español, traductor jurado, crítico literario y escritor. Entre los grandes nombres que ha traducido están Günter Grass, Stefan Zweig, Hans Magnus Enzensberger, Heinrich Heine y E.T.A. Hoffmann. En 2009 publicó su primera novela: Impresión bajo sospecha y en 2012 la segunda: El diablo en Madrid.

¿Que por qué traduzco? ¿Está de broma?

 Esta sería la respuesta airada que podría dar si de repente me preguntasen por algo que hace años que ya no me pregunto. Y sin embargo… sin embargo no es ninguna tontería. ¿Por qué me dedico a una profesión en cuya teoría se habla de «invisibilidad» del que la ejerce, desconocida por todo el mundo, mal remunerada, esencialmente subordinada, ignota?

 Es una pregunta fabulosa… para la que no hay una sola respuesta. Pero sí una jerarquía en las respuestas. Trataré de ordenarlas de menor a mayor.

 Traduzco porque no hay nada que me guste tanto como escribir, y siempre he entendido la traducción como un género más de la literatura. Un género raro, en el que sólo (¿sólo? ¿Cómo que solo?) se crea lenguaje, un género de historia accidentada, que inserta en el sistema literario propio textos que a veces tienen más de doscientos años y nunca habían sido traducidos y otras veces escribe al hilo de la más furiosa actualidad, pero un género más.

 Traduzco porque me gusta sentir cómo pasan por mí las ideas. En este oficio de médium las mesas no tiemblan, los lectores no se cogen de las manos para invocar la aparición rampante de Thomas Mann, pero el traductor sí que siente la voz del escritor ajeno pasar por sus venas, cambiar de forma, la siente de pronto hablar en español, y siente cómo llega hasta lectores que jamás habrían podido oírla.

 Traduzco, en última instancia, porque no me puedo guardar para mí tanta belleza como me llega cuando leo las palabras de algunos gigantes que no escribieron en mi idioma. Siento en esos momentos la necesidad, tan primaria, tan humana, de contárselo a alguien. Pero la belleza no es un relato, no se puede contar lo bellísima que es una descripción del Mar del Norte durante una tempestad en pleno invierno si no se cuenta con las mismas palabras (con otras palabras, pero las mismas palabras, pero otras palabras).

 Por eso traduzco. Citando a Carlos Fuentes, que se ha ido dejando un hueco de pena, en eso creo.

Carlos Fortea

Traductor

3 thoughts on “¿Que por qué traduzco? ¿Está de broma?

  1. Traduzco porque soy lingüista.
    Traduzco porque no hay nada que me guste tanto como sentir la entraña viva del lenguaje. La formación de ideas y su codificación lingüística y su forma final comunicativa y el efecto final sobre el interlocutor potencial del texto que han formado… Es la forma estética del lenguaje en sí y por sí mismo. Esa belleza intrínseca que nos permite la realización estética del ARTE en que los sabios griegos incluyeron la poesía junto a la filosofía, la música, la pintura y la escultura, es para mí la raíz que me une indisolublemente a la Naturaleza y a la vida.
    Por todo esto, el oficio de traductor y el oficio de intérprete es el del trasunto del poeta.

    María del Pilar García Buendía
    Lingüista
    Intérprete EN, IT, GL, ES
    Traductora EN, IT, GL, FR, PT>ES
    ES>EN, IT, GL.
    Profesora especialista en Lenguas Modernas ESOL, ESP; ELE, EFP, ILE.

  2. Yo no traduzco (aún) (oficialmente). Aunque espero dedicarme a ello en un futuro no muy lejano.

    Me enamoré de las palabras tiempo atrás, leyendo. Cuando quise ser yo quien las pusiese una detrás de otra, acabaron cayéndoseme todas en desorden. Y aunque empecé la carrera como escritora frustrada, la traducción acabo encandilándome con su dialogar con los textos, ese acercamiento tan íntimo a los autores y entender al fin cómo funcionan las palabras. Y cada día que pasa lo tengo más claro: yo de mayor quiero ser traductora.

  3. Pingback: El (proyecto de) traductor en verano | Interferencias

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